Me dirijo a los distintos centros y doy la Bienvenida a todas las personas que tienen fe y motivación superior. El centro de retiro denominado Dag Shang Kagyü será un importante lugar de estudio y retiro; es por lo que teniendo la propiedad y asegurando su desarrollo será muy benéfico para numerosas personas. Si haceís todo lo posible para ayudar con vuestra actividad física, con vuestro propósito y con vuestra ayuda material y financiera, esto será una gran virtud y un gran beneficio, comprendedlo bien.
11 de Noviembre de 1984
KALU RIMPONCHE
Fundador de este centro
“Son las 6 de la tarde de un Sábado cualquiera en un lugar idóneo para iluminarse”.
Comprendo las palabras de Kalu Rimponché que me dan la bienvenida al centro de retiro Dag Shang Kagyü. Mi misión en este lugar –hablo desde una motivación personal de querer venir aquí- es visitar y conocer, en la medida en que la situación y sus gentes me lo permitan, las creencias,prácticasy modo de vida de un ideal cada vez más presente en los países occidentales. El ideal de una tradición espiritual con más de dos milenios de antigüedad. Un ideal que se está convirtiendo en algo más que una moda: el ideal budista, una religión que siguen en el mundo más de 400 millones de fieles. Y que mejor para ello, que haber llegado hasta aquí, hasta el único templo budista catalogado como tal, que hay en todo el continente Europeo.Un templo nacido en el corazón de lo que podría ser un perfecto Valle Tibetano, pero sin serlo.
Se trata de Panillo, un pequeño pueblo de la Comarca de la Ribargorza – en la provincia de Huesca – ubicado en un basto y amplio terreno campestre. Un paisaje especial dondela variedad vegetativa y la infinidad de montañas que se suceden entre sí, reúnen las condiciones, que hacen a este lugar, merecedor de haber contado con la visita del mismísimo Richard Gere. Toda una auténtica atmósfera de paz y tranquilidad alojada en esta apartada zona oscense. Una zona idónea para la meditación, el retiro y la búsqueda de la paz interior.
Una vez aquí, haciendo esfuerzos por ignorar la curiosidad que en mí despierta este nuevo paraje todavía por descubrir, concentro mis esfuerzos en localizar aalguien que pueda orientarme en esta aventura.
-A las siete en punto empieza el ritual diario de meditación. Hoy la ceremonia la dirige uno de los lamas que ya ha terminado su retiro.Si quieres puedes entrar al templo y ver como recitamos nuestras oraciones y conocer nuestras prácticas. –Me informa la secretaría del centro-.
En mi reloj dan las 7 menos cuarto y no tengo tiempo para nada más que para mentalizarme de que, en efecto, la oportunidad de entrar en aquel templo, es ahora, una realidad que se abre a mis pies.Y precisamente en ellos, en mis pies, es donde se baraja la disyuntiva de acceder o no al recinto, ya que, solo podré hacerlo, si cumplo con el deber religioso de descalzarme. Un deber que según he podido informarme representa el respeto a la vida de todos los seres, en particular, a los animales.
Coloco deprisa mis zapatillas junto al resto de calzados -todos ellos desperdigados en unos estantes que, a mi parecer, y creo que al criterio de cualquier visitante, han quedado obsoletos- y memorizo que mis deportivas están al lado de unos botines negros de mujer. Si estás imaginando la entrada al templo como todo un caos de zapatillas y zapatos, mantén esa idea, estás imaginando bien. Entro en el templo a esperar a que de comienzo mi aventura.
Salgo del templo y localizo enseguida mis zapatillas. ¡Correcto! Están justo donde mi mente las recuerda, junto a los botines negros de mujer. Sin más pausa, entro de nuevo a la secretaría del centro y dejo mis datos para inscribirme en un curso de iniciación al budismo tibetano.
La secretaría me informa de que la sesión, que comenzará en media hora aproximadamente- se extenderá hasta más tarde de las diez y me ofrece la posibilidad de pasar la noche en un albergue. Acepto sin más y decido esperar fuera del templo mientras observo el conjunto de construcciones que me rodean.
Justo en frente de mí la Estupa principal. Es el monumento más emblemático del centro que simboliza la apertura de las puertas hacía las enseñanzas de Buda. Las stupas son las casas simbólicas de esta religión. Todo practicante, en señal de purificanción e iluminación, debe recitar los diferentes mantras mientras camina alrededor de esta construcción. En función del día y de la hora, la cantidad de vueltas requiridas serán unas u otras.
Dag Shang Kagyu nació en 1984 con la adquisición de una pequeña finca que posteriormente fue ampliada con otra más extensa, donada por un grupo de benefactores y discípulos de S.E. Kalu Rinpoche (fundador del centro). Desde entonces el centro no ha dejado de crecer y en agradeciento a las enseñanzas que tantos lamas han aportado al mismo, se están construyendo 108 estupas todas diferentes en sus formas y tamaños. Es rutina que los lamas visiten el centro varias veces al año, ya sea para iniciar sus estancias de retiro, visitar a los nuevos practicantes que han llegado hasta allí o pasar unos días como invitados.
Aprovechando el tiempo que tengo de descanso hasta comenzar el curso de meditación, consigo entrevistar a un lama que ha venido para pasar unos días como invitado. Me ofrece como lugar para la entrevista el propio interior del templo.
En el momento de la entrevista no disponía de cámara pero, de cualquier modo, al lama tampoco le hubiera gustado la idea. Dada la escasez de recursos hice la entrevista a la vieja escuela anotando todas sus respuestas en mi libreta.
He hecho un montaje mediante fotografías reales, tanto la del lama como la mía, y audio (grabando mi voz y creando a partir de un software una voz sintética digital).
El curso ha finalizado. Son casi las diez de la noche y el Abergue me espera. Salgo del templo enseguida pero espero a que todos lo hagan e inicien la marcha. El Doctor es el último en salir y cerrar la puerta con llave. Es ya de noche y apenas se distingue el camino de ida pero sigo, a los que parece, tienen más idea que yo. ¿Habrían venido ya antes por aquí?
La belleza del lugar me ha hecho pensar exquisiteces de aquel albergue. Resulta ser una pequeña casita de piedra situada en medio del campoy que alberga a un total de 80 comensales. Es un lugar humilde propio de pueblos por los que parece que los años de historia no han dejado la menor huella.
Una vez dentro cierro la puerta de madera –con bastantes dificultades- y espero a que alguien me de la bienveniday me indique el lugar de las habitaciones.
Espero unos minutos y nada de eso ocurre. Estoy de pie en el comedor. La gente ya parece haber cenado. ¡Si, así es! Puedo leer en la pared que el horario de comedor es a las 14:00, para las comidas, y a las 21:00, para las cenas. Yo me mantengo a la espera de causar el más mínimo interés a la único ser con vida que hay. Un chico que está tomando una infusión justo en la mesa de enfrente de mí. Es capaz de mirarme y no decirme nada. Yo no concibo esta situación. Se supone que soy un cliente que viene a pasar la noche y a nadie parece interesarle lo más mínimo. Giro la cabeza y puedo leer en otro cartel que a las 11 de la nochelas luces del albergue se apagan para el ahorro de gastos innecesarios.
Yo continúo en el mismo sitio apoyada en una de las tantas mesas de madera con bancos también de madera que conforman el comedor, sin dar crédito a toda aquella atmósfera que me envuelve. El chico esta acabando de barrer y recoger los últimos vasos en una estantería, por la que, sin problema, pasean y duermen los gatos. Intento llamar su atención haciendo sonar el móvil pero el continúa ignorando mi presencia. El me ha visto, ¿Por quéno me dice nada? Por un momento imaginé el reloj dando las once y sin luz. Nadie vendría en mi ayuda. Y mucho menos él. Tengo que decirle algo. No dejaré que se vaya.
Le pregunto educadamente cual es mi habitación. Le comento quien soy y porque he llegado hasta aquí. Soy escueta. Intento no parecer pesada. Algo me dice que esta persona no está muy cuerda. Es su mirada, no parece acompañarle, la tiene perdida. Con un solo gesto me indica hacía unas escalares. Nada más. Esa es toda la información que me da.
Subo las escaleras y leo: HABITACIÓN PARA CHICAS. Dejo mis cosas en una de las literas vacías –solo hay dos más ocupadas por ropa y libros-, y me relajo. Un día muy completo. Saco mi libreta de notas y continúo con mi“Diario de Buda”.
La llegada a aquel lugar me había confundido. No vine con la idea de quedarme pero presiento que la experiencia va a ser algo más que merecedora. De momento, algo me dice, que este lugar, es la clave para conocer más la parte práctica de ésta filosofía. Mañana podré ser testigo de sus actividades y formas de conducta fuera de la meditación. ¿Serán tan metódicos, disciplinados y ordenados como horas atrás lo habían sido en el templo? Por el momento, el chico del comedor, no había sido nada cordial, ni amable ni mucho menos disciplinado conmigo. Pero antes de dejarme llevar por esta primera impresión esperaré a mañana. Son las nueve, la hora del desayuno.
Uno de los budistas con los que comparto mesa en el comedor cuenta que lleva 3 meses en la zona. Dice que se ha acostumbrado a la comida vegetariana – a pesar de que también hay posibilidad de comer carne- y que poco a poco le van rebajando el precio de la estancia si colabora en ciertos trabajos para el templo. Enumera unos cuantos: cortar leña, ir a comprar, ayudar en la construcción de casitas para los lamas que vienen al templo en sus retiros, ir en busca de agua. Añade que hay gente- señalando a la otra mesa- que llevavarios años, algunos 1 y hasta 3,que apenas deben pagar por estar allí, sino, simplemente contribuir en los quehaceres del centro.
Comprendo que el centro de retiro se mantiene a base de la ayuda que ofrecen las personas que con él se comprometen a pasar una larga estancia. A cambio de sus trabajos y de su colaboración para con las necesidades del lugar, ellos comen, duermen y practican la meditación, aunque no por ello dejan de aportar cierta ayuda financiera. El trabajo solo es concebido en el budismo en los primeros peldaños o estadios de la religión. Peldaños en los que se encuentran estas personas que vienen con la intención de conocer, experimentar y si les gusta, continuar. A medida que se van iniciando en la práctica de manera más responsable, como es el caso ya de los lamas y de la gente que hace retiros largos, deben dedicarse exclusivamente a la contemplación y la meditación.
El desayuno es simple. Leche –que se mantiene caliente en diferentes termos-, infusiones varias, mantequilla, mermelada, algo de pan tostado y galletas de avena. Puedes coger lo que más te apetezca pero sin abusar. Al terminar debes fregar lo que has manchado, secarlo y ordenarlo en sus respectivas estanterías. Cuando cumplo mi deber, regreso a la habitación, cojo mis cosas, me abrigo y salgo fuera. Reflexiono acerca de mi estancia en aquel lugar y llego a la conclusión de que- por lo que he podido observar- estas personas no adoptan un típico comportamiento occidental en lo que a sus hábitos y costumbres se refiere. La conducta del chico de anoche a mi llegada me ha reafirmado la poca importancia que dan a lo que viene de fuera. Es como si estas personas al obtener la paz interior dejasende cuidar las cosas exteriores.Yo podría haber entrado a mi aire por el albergue y recorrido todas sus instalaciones y a nadie le hubiera importado. Están desarraigados de las formalidades y de las normas de conducta a las que nosotros estamos acostumbrados. No están comprometidos con el mundo social y practican la meditación al margen del mundo que les rodea. Y es que, para mí, los budistas parecen más felices que otras personas . Y no lo digo yo. Estudios científicos lo han afirmado. Pruebas realizadas en la Universidad de Madison,Wisconsin (EEUU), han demostrado que los budistas experimentados presentan una mayor actividad cerebral en el lóbulo prefrontal izquierdo, una zona relacionada con las emociones positivas, el autocontrol y el temperamento. Esta probado, por tanto, que el budismo hace más dichoso y feliz a quienes lo practican.
Y es que el budismo no es una religión que haga proselitismo de su doctrina!Y así lo ven también los vecinos depueblos cercanos a Panillo, quienes definen su relación con los budistas como una relación de completa armonía en la que ellos viven y dejan vivir. Desde el Ayuntamiento de Graus, ayuntamiento al cual pertenece el pueblo de Panillo, me han confirmado que una vez al año, a veces hasta incluso dos, el centro prepara una bienvenida a todos los miembros del ayuntamiento como símbolo de agradecimiento y cordialidad. Ese día, prescinden del menú vegetariano y les ofrecen un típico menú occidental en el que nunca falta la buena carne y el buen vino. El ayuntamiento lo considera un verdadero gesto de convivencia por su parte.
Tal y como me habían dicho en secretaría el día antes, son las 11 y me dirijo a pagar mi estancia y desayuno en el albergue. La mujer que había irrumpido en el templo y rivalizaba con el lama, recitando de memoria las oraciones, era la misma que, al inscribirme en el curso, me informó de que la estancia me costaría unos 50 euros. Aún así, me constaba que el precio sería menor dado el descuento de estudiante. Al lado de secretariaencuentro, de nuevo, un montón de zapatos desperdigados por el suelo. ¡Casi no me acordaba! Es la hora de la práctica matinal de meditación. Me acerco a la puerta que había atravesado el día anterior para sumergirme en este exótico ritual y, efectivamente, se oyen las plegarias profesadas por el lama y los practicantes. La duda se apodera de mí ¿Qué debo hacer? ¿Interrumpo en la sala para perturbar la meditación de la chica de las gestiones? ¿Me espero a que termine toda la práctica? ¿O me aprovecho de la oportunidad para largarme como una morosa? Entonces reflexiono unos instantes y me decido por… la última opción.
Si algo he aprendido de la estancia en el centro es que la vida en el templo es bastante diferente a la que conocemos. Los valores son distintos. La práctica de la meditación se combina con las ayudas, la colaboración en las tareas, la buena voluntad y la disciplina. Pienso en mis esfuerzos para meditar, en que colaboré para obtener el clima adecuado y en que tengo la buena voluntad y la disciplina de acercarme para pagar dentro de las horas convenidas. Por mi parte, ya he cumplido. Al mismo tiempo pienso en la secretaria y supongo que ella podría haberlo previsto. Pero no ha sido así. Ella ha descuidado su deber y está entregada en la meditación. Decido marcharme entonces con gran paz interior, pues he logrado que las necesidades materiales para con mi deuda, no interrumpieran algo tan sagrado como el ritual de la meditación.