La mayoría de los jóvenes ve la política como algo ajeno a ellos, aburrida y que sólo beneficia a particulares, una imagen muy alejada a la que quieren dar los políticos, empeñados en acercarse al público más distante
La abstención registrada en las últimas elecciones municipales y autonómicas ha superado los records de otros años: más de un 45% no votaron. Una parte de ese tanto por ciento pertenece al colectivo de jóvenes, un grupo por los que los políticos se pelean por conseguir sus favores, pero que ninguno llega lo suficiente como para que se interesen por la vida política de su propio país.
Si miramos el estudio que se realizó el pasado año 2006 por parte del Instituto de la Juventud (INJUVE), la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y la Obra Social de Caja Madrid, los datos no han variado demasiado: la actitud de los jóvenes sigue siendo de escepticismo respecto a la política nacional. Un 76% tiene poco o ningún interés en temas de esta índole, mientras que el 45% piensan que la política sólo sirve para dividir a la gente, para enfrentarla. Casi el 70% de los encuestados en 2007, jóvenes entre 18 y 23 años, ven la política como “un fraude, que todo está amañado” y que “todos los políticos son iguales, que luchan más por ellos mismos que por el pueblo”, mientras que el otro 30% piensa que la política debería dejar de ser una lucha entre PP y PSOE (Bipartidismo) y centrarse en “gobernar un estado de democracia que funcione y que refleje los intereses y valores de la población”.
Pero si nos fijamos en las opiniones extraídas en todas las encuestas realizadas en los últimos años, vemos que la rabia o el malestar que provoca el mundo político no viene dado, a veces, por las decisiones tomadas, sino por la figura y la imagen que proyectan nuestros políticos. Decía el estudio anteriormente anunciado, que la política irritaba un 18% de la población. Esa irritación bien podría ser provocada por los mismos políticos. Algunos de los encuestados contestaron preguntas encaminadas hacia el mundo de la política, en general, centrándolas en las figuras de las personas que los representan. De esta manera calificaron de “interesados, que prometían mucho y hacían poco, y que cuando lo hacían era rápido y mal de cara a próximas elecciones”, “que sólo luchan por tener un chalet y un bmw en la puerta” o “que les importaba muy poco el pueblo y se interesaban más por sus propios intereses”.
Según Federico Gómez Pardo, un profesor de Gerona, en un artículo que él mismo publicó en 2006, los jóvenes no se interesan por la política porque no tienen ninguna preocupación social, todo les viene dado y no encuentran ninguna complicidad con la figura del político, más preocupado por desacreditar al partido opositor que por aportar nuevas ideas a la sociedad. En cambio, Leire Patín, autora de Jóvenes y Política: Nuevas formas de Participación (Temas para el debate, nº 138, 2006) cree que la afirmación de que a los jóvenes no les interesa la política es poco real y muy generalizado, y recuerda las movilizaciones que organizan entorno a determinados acontecimientos como la Guerra de Irak, el desastre del Prestige o las múltiples manifestaciones solidarias en contra del Terrorismo. Se movilizan por los problemas que les afectan directamente.
La mayoría de los jóvenes se sienten desencantados con la política. Sólo ven intereses entrecruzados, peleas por poder y guerra de declaraciones. Creen que la política son sólo discusiones y no tienen en cuenta que problemas como la vivienda también forman parte del mundo de la política. Quizás parte de la culpa la tenga la manera cómo los medios reflejan ese mundo, la llamada guerra mediática, pero también se debería hacer un esfuerzo por comprender lo que nos rodea, comprender nuestra realidad social y no esperar a que otros nos lo den hecho.